—Joras, tienes que irte. — Solté al llegar a casa, nada más entrar y encontrarlos en el gimnasio. La mirada la mantuve fija en los azules ojos de Cárter. Incluso después de casi un año juntos, me parecía que aquel azul, era casi imposible. No lo había visto en ninguna de las tablas de colores que había conocido en mi vida. Un azul profundo, similar al que se podría encontrar en los niveles más bajos del mar.
—¿Ah?— Preguntó el Kinesiólogo levantando la cabeza hacia mí y luego hacia el que técnicamente, era su jefe.
—No es necesario que te vayas. Lo que sea que Lizbeth quiera discutir, puede esperar.—...