Cuando desperté lo primero que noté fue el olor a desinfectante propio del hospital en el que llevaba trabajando algunos meses, después, el sonido del monitor y finalmente abrí los ojos, no sentía mayor dolor, pero estaba segura de que era gracias a la bomba de morfina que estaba junto a mi cama, la lujosa habitación estaba iluminada por una lámpara de pie al otro extremo de la habitación, las cortinas seguían abiertas y afuera, se apreciaba la noche en la ciudad de san francisco, un movimiento en el edredón, miré al lado contrario y encontré la rubia y larga melena de mi hermana desparramada sobre las cobijas, estaba sentada...