Saqué mi licencia de conducir a los dieciséis, en la universidad, pero odiaba manejar, las personas no respetaban ninguna señal de tránsito y rara vez iban a la velocidad permitida en las zonas designadas y hasta aquel día, no había tenido la necesidad de conducir.
Pero aquella tarde, cuando Ava me llamó, todo dejó de tener mayor importancia. Tomé la primera llave de alguno de los coches de Carter y fui directamente hasta el garaje, cuando apreté el botón del llavero, un Mercedes negro de aspecto lujoso se encendió, no sabía mucho sobre coches, pero tenía perfectamente claro, que debía ser uno importante para su dueño, aquello tampoco me importaba,...