Impertinente. Ridícula. Poco profesional. Inmadura. Aquellos eran solo los adjetivos más suaves con los cuales podía describir a la recien llegada, la doctora neurologa pediatrica Caroline Laurent, simplemente daba vergüenza ajena.
La medicina es una carrera solemne y de mucho orgullo, ¿correr descalzo de un lado a otro? ¿Cómo si fuera una cría? … Simplemente inaceptable. Si hubiera estado bajo mi jefatura, jamás habría entrado a nuestro hospital, pero por supuesto y gracias al cielo, ese no era el caso. Los internistas tenían sus propias agendas y sistema jerárquico.
—¡Thomas! —Me giré hacia la voz del que reconocí como el decano de medicina, miré mi reloj de muñeca, incluso con...