En mi vida, había recibido más de una herida de bala, irónico considerando que me había criado en una de las cunas más altas de Estados Unidos. Y aun así, el destino había puesto varias balas en mi camino, pero sinceramente, la de aquella tarde, jamás la habría previsto…
Había esperado pacientemente una hora prudente para salir de la oficina y llegar a casa, incluso cuando, desde las cuatro de la tarde, me sentía como león enjaulado. Incluso cuando era muy, pero muy, poco probable, la fantasía de ver a Lizbeth en un lindo delantal, cocinando y esperando por mí en casa, nuestra casa, era suficiente para hacerme dejar todas...