No importaba cuánto tiempo lleváramos juntos, o que cada una de las veces que Carter hacía algo así, siempre resultara perfecto. Yo, seguía odiando las sorpresas.
Traté de convencerlo antes de irme a la ducha, cuando salí y mientras me vestía, cuando salíamos de nuestra habitación y recorrimos el pasillo hasta el ascensor, también el trayecto en el mismo, e incluso cuando el chófer había encendido el motor y comenzaba su camino. Pero, por supuesto, fue inútil, Carter solo parecía cada vez más divertido por mi insistencia y continuaba contraargumentando cosas que, en su mayoría, no tenían sentido, al menos no del todo.
—Vale, Vale— dijo él, mientras se reía...