Cuando el coche finalmente se detuvo, estábamos al frente de un par de oficinas gubernamentales, y por mucho que continué tratando de hacer que Carter me dijera que era lo que hacíamos ahí, simplemente se limitó a darme aquella maldita sonrisa torcida y con mi mano cogida, atravesamos las puertas, dentro, no había aire acondicionado y mucha gente hacía fila fuera de pequeños cubículos o esperaba sentados en el suelo o las pocas sillas dispuestas, me apreté un poco más al costado de Carter porque el incesante ruido de los ventiladores y el murmullo de la gente me molestaba, hacía calor, en un espacio cerrado, demasiada gente y un olor...