Saca de su mochila un empaque y lo abre regalándome un trozo de su barra de chocolate.
—Ah, ya entiendo. ¿Entonces no es tan malo parecer Zombi, o sí? —pregunto curiosa—. Me he sentido revitalizada y con mucha energía desde que llegué a este sitio, aunque no lo parezca. Todos son muy cálidos y amables.
—Quizás sea así, pero te aíslas de todos, bueno, todos que no sean yo, con quien de vez en cuando cruzas palabras que no sean de trabajo. Y todo el tiempo que vas al comedor te veo muy pensativa —afirma con seguridad como si pudiese leer mi mente, o bien, como si me hubiera observado...