Vuelvo a tocar su entrepierna y ella las abre para mí.
—Me encantas, Maya —susurro en su oído y ella suspira al oírme. No sé qué tipo de parejas ha tenido antes pero merece darle su tiempo, merece que no la traten como algo pasajero, sino como alguien a quien merece tocar el cielo—. ¿Estás lista? —Ella asiente y me besa con pasión, con desespero.
Me acomodo entre sus piernas sin dejar de besarla.
—Ya te pusiste el condón —inquiere con dudas.
—Ya… —la beso en el cuello y de nuevo en sus pechos.
Puedo sentir lo caliente que está de sus partes, la humedad en ellos es una muestra...