Nunca había sentido antes lo que sentí al tener sexo con Milo, y es que definitivamente sabe lo que hace. Al final me invita a darnos una ducha juntos y yo accedo, más por el placer de su compañía que por el querer bañarme. Si quiero, pero prefiero tomar aire y descansar un poco recostada en la cama antes de darme una ducha. Una vez refrescados bajamos a desayunar, como es su casa, insiste en hacerlo él, le dejo solo porque mi nivel de cocina se limita a cosas sencillas.
—¿Te gusta el queso? —me pregunta—. Espera, sí te gusta.
Se gira y sigue en lo suyo, quiero creer que...