Y de pronto sentí como el fuego me consumía la piel, un ardor comiendo mi carne, mi sangre. Todo pasó tan rápido, tan fugaz y en el que supongo es mi último pensamiento, solo existe Maya Hart.
La dulce y desafiante rubia, Maya.
Hasta nunca, mi flor.
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Todo estaba oscuro, veía cómo el parque de diversiones poco a poco se iba vaciando de personas. A lo lejos, una niña se balanceaba en un columpio, me llamaba la atención su cabello ondulado y castaño; me recordaba a Ariana cuando la conocí, cuando llegó al internado.
Camino sin rumbo por el derredor, las familias se van yendo una a una y...