Cuando termino de leer el texto me doy cuenta de que estoy sonriendo como idiota. Esto es realmente jodido… No le respondo y enciendo el auto dirigiéndome hasta el consultorio de Kent. Espero que de verdad pueda ayudarme.
El consultorio del Dr. Kent está en uno de los edificios del distrito financiero, lo cual resulta curioso, pues queda claro que no hay éxito sin repercusiones socioemocionales. Al llegar me recibe una joven de unos treinta años y me pide que pase. Con el suelo y libreros de madera, además de los muebles color caoba, hacen del lugar acogedor.
—Buenos días, soy Marina. —Una mujer de figura esbelta y larga cabellera...