Cuando miré al Alfa, parecía como si el aliento se hubiera atascado en su garganta, mientras miraba con los ojos muy abiertos. Parecía como si el aire de la habitación hubiera sido aspirado y sentí erizarse los vellos de mi nuca. Aiden abría y cerraba su boca, como un pez, mientras que un sonido de dolor salía de su garganta. La sangre de mis manos se había secado, oscureciéndose hasta adquirir un extraño tono marrón que parecía hacer juego con la espantosa alfombra que cubría la mayor parte del piso.
Pese a todos mis intentos por contener el llanto, una lágrima se deslizó por mi mejilla. Se trataba de un...