Chapter 8 Noticias maravillosas

Chapter 8 Noticias maravillosas

Con un profundo suspiro, me levanté de la cama y moví el cuello para que mis articulaciones recuperaran su movilidad. Luego me estiré, girando mi torso a los lados para activar mi espalda y los hombros. Cuanto terminé mi rutina, me acerqué a la ventana de mi dormitorio frunciendo el ceño, ante el helado manto de nieve que cubría los árboles.

Había caído la primera nevada de la temporada y yo me había levantado más temprano que de costumbre. De pronto, un escalofrío me recorrió de arriba abajo.

Por el rabillo del ojo, miré las pastillas sobre la cómoda. Me dolía la cabeza y no sentía los dedos, pero sabía que esos eran exactamente los efectos que causaban.

Cuando recordé la forma en que mi madre me forzó a tomarlas, las náuseas burbujearon en mi garganta. No podría decir que me gustaban esas píldoras, que me ocasionaban resequedad en la boca y que mi lengua se sintiera pesada.

Pero tenía que tomarlas, no importaban mis posteriores dolores de cabeza, los cuales eran tan fuertes que apenas podía ver y no me dejaban pensar. Me senté en la cama para tragar la píldora supresora, aferrándome con fuerza a las sábanas. Después, me deslicé al baño y me quité la pijama sudada para meterme a la regadera a darme una larga ducha.

De pie frente al espejo del baño, luché contra el impulso de llorar.

Había pasado otra semana desde que regresamos de la manada de Aiden y no habíamos recibido noticias de su parte. Eso hacía que toda mi familia estuviera nerviosa. Sentí las mejillas calientes al pensar en su nombre. Desde que tuve ese m*ldito sueño, no podía sacarlo de mi mente. ¿Por qué estaba tan afectada?

Llevé mis manos a las mejillas, para secarme las lágrimas con furia. Tal vez eran los efectos secundarios de mi celo los que me hacían no poder olvidarme de él. Esa podría ser la razón. Debería dejar de pensar en él y tratar de arreglar las cosas con Zain.

Él todavía estaba molesto por la forma en que dejamos las cosas. Aunque no se molestó en presentarse en nuestra banca del parque, ni en responder ninguna de mis cartas. Mi estómago se retorció dolorosamente ante eso. ¿Y si él me abandonaba?

¡No! Negué con la cabeza. Era mi mejor amigo y no haría nada que pudiera lastimarme; tenía confianza en él. Puse una débil sonrisa en mi rostro y con ella salí de mi habitación.

El olor a panqueques, frescos y almibarados, flotaba por el pasillo y mi estómago rugió de emoción. La noche anterior, me salté la cena, pues estaba demasiado molesta para escuchar a mi madre divagar, ya que estaba terriblemente ansiosa por encontrar un Alfa para mi hermana.

Parada en el vestíbulo, justo antes de entrar a la cocina, pude escuchar una avalancha de gritos y discusiones que venían del interior. Me sentí reacia a entrar y formar parte de eso, pero sabía que no tenía otra opción.

Al cruzar la puerta, me encontré con una escena agitada y bastante dramática. Mi madre estaba corriendo de un lado para otro, así que me quedé viéndola con la boca abierta por el asombro. Cara y mi padre estaban sentados ante la mesa, también mirándola divertidos.

"Buenos días", grazné, avanzando nerviosamente hacia mi silla.

"¡Rose! Mamá se ha vuelto loca. Qué bueno que llegaste", se rio mi hermana, jalándome de la muñeca.

"Mary, ¿quieres sentarte ya?", pidió papá.

"¡No puedo!".

Me sobresalté cuando jalé la silla y esta raspó el suelo. Pero solo me reí y seguí observando a nuestra madre, que no se quedaba quieta. ¿Qué estaba pasando? ¿Cuál era la razón de su emoción? Algo tenía que haber pasado para que ella saltara de esa manera, pues hacía mucho tiempo que no la veía tan contenta.

Una vez que todos estábamos en el comedor, mi madre comenzó a hablar, con la espalda apoyada contra el gabinete de la cocina.

"Tengo noticias maravillosas", chilló con una amplia sonrisa en el rostro y sin dejar de mirarnos. "Finalmente llegaron las noticias de Alfa Aiden".

"Supongo que al decir que son maravillosas, son buenas, ¿o no?".

"¡Sí, es una noticia excelente, querida!", dijo efusivamente, mientras se relamía los labios. "Alfa Aiden ha accedido a tomar a Cara como su Luna".

Entonces papá se levantó de un salto de su asiento, con los ojos tan abiertos como platos y se apresuró a abrazar a mi madre.

En cambio yo, tan pronto como esas palabras resonaron en mis oídos, me congelé en mi lugar. Podía sentir a mi loba omega tirando de las cuerdas de mi alma, instándome a esconderme en la oscuridad. Mis párpados cayeron con tristeza, mientras me tambaleaba en mi asiento luchando por mantener la compostura. De repente, papá me jaló para que me uniera a ellos en un abrazo grupal.

Aiden eligió a Cara. Él legítimamente la reclamaría. ¿Por qué no estaba feliz por eso? Después de todo, era mi hermana de quien estaban hablando. Ella tendría un compañero Alfa, y una manada enorme que se convertiría en su familia.

Mis ojos empezaron a arder, con un tonel de lágrimas a punto de caer. Debería haber esperado que llegara este día, ya que a todos les gustaba Cara y deseaban estar con ella. Incluso cuando éramos más jóvenes, la gente se sentía atraída hacia ella y elogiaba su belleza.

Sin embargo, a mi hermana no le interesaba en absoluto llamar la atención de nadie. Ella era consciente tanto de sus cualidades, como del impacto que tenía en los demás. Los Betas y Alfas estaban listos para moverse de acuerdo con sus caprichos, pero ella no se molestaba en ponerles atención.

Mamá besó la mejilla de Cara, acariciando su cabello con cariño. "¡Lo lograste! Estoy feliz por ti, cariño".

Noté que mi hermana forzó una sonrisa en su rostro, evitando los ojos de mi madre. ¿Por qué no estaba contenta con la noticia? Después de todo, ella sería la Luna de la manada, a menos que ella dudara en dejar la casa de nuestra familia para irse a algún lugar lejano. Seguro que eso les daría miedo a muchas chicas, pero ella no era de esas.

Mi madre se aclaró la garganta. "Esta noche, tendremos una reunión especial. Ya les he avisado a nuestros familiares y amigos. Todos vendrán para celebrar esta noticia tan emocionante. Quiero que todos sepan que nuestra hija Cara consiguió al Alfa más poderoso".

Mi papá se rio. "No te detendré esta vez. ¡Vuélvete loca!".

"Por supuesto, cariño". A continuación, mi madre se dirigió hacia mí. "Vamos, Rose. Tenemos mucho que preparar para la fiesta".

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