"Rose", escuché la voz de papá sonar a lo lejos, entonces, volteé a verlo levantando las cejas y me llamó la atención su rostro tan ajado. Parecía un anciano sabio, ya que aparentaba más edad de la que realmente tenía. Las líneas de su rostro eran bastante prominentes. "El Consejo de la manada ya está avisado acerca de la ceremonia de apareamiento entre tu hermana y Aiden. Asegúrate de que todo esté listo, para evitar que surjan problemas".
¡Claro! ¡El compromiso ya era algo oficial! Tragué saliva para deshacer el nudo de mi garganta, mientras sentía que alguien estaba martillando el último clavo en mi ataúd. El consejo era el grupo de personas, en su mayoría Alfas de edad avanzada, que supervisaban a las manadas que se unirían a la nuestra. Todos debían informarles antes de celebrar cualquier ceremonia, de tal modo, los interesados obtendrían la autorización requerida.
Yo estaba agotada, ya que me habían encargado que realizara todos los preparativos para la ceremonia, por lo que había andado de aquí para allá, desde el día en que Cara se comprometió con su futuro esposo. Mi madre me hizo responsable de tomar cada una de las decisiones de la boda. Principalmente, porque mi hermana parecía estar escondiéndose todo el tiempo, pues se quedaba hasta muy tarde en la universidad.
"Entonces... ¿Ya han fijado la fecha?", pregunté con el corazón latiendo a toda velocidad adentro de mi pecho.
Debido a todas las festividades que tendrían lugar en nuestra manada, especialmente en nuestra familia, yo estaba demasiado cansada. Así que seguí posponiendo mis planes de reunirme con Zain durante dos semanas enteras, contadas a partir de la última vez que nos vimos.
"¡Sí, hemos decidido que sea este domingo!", me informó mi padre, con los ojos brillando con un par de lágrimas que luchaban por fluir. "Aiden nos pidió que nos presentáramos en su manada, pues desea que la ceremonia tenga lugar allá. Como estamos seguros de que tu hermana te pedirá que seas su dama de honor, tu madre escogerá un vestido y algunas flores para que las uses en la ceremonia".
"Está bien", contesté jalando aire por la boca, pues el nerviosismo causó que sintiera la garganta tan seca como un desierto. "¿Es todo?".
Mi padre me miró con extrañeza. "¿Por qué, tienes prisa?".
"Eh... Algo así".
Mi madre había logrado que Cara fuera a probarse el vestido de novia, lo cual a mí me permitiría escapar. Quería ver a Zain y esa era mi oportunidad, pero como yo no tenía teléfono, le envié un mensaje usando el celular de mi hermana. Estaba segura de que él reconocería el número, ya que lo usábamos con frecuencia para conversar entre nosotros.
Mi papá se rio. "Siempre estás ocupada. Está bien, vete, yo te veré más tarde".
"Bien, te avisaré en cuanto termine mis asuntos, papá".
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Cuando llegué al parque, Zain estaba despatarrado en nuestra banca, pero en cuanto me vio llegar, juntó los pies para enderezarse y sentarse con la espalda derecha. Sin embargo, noté que retorcía las hojas que habían caído cerca de él. ¿Por qué estaba tan nervioso? No era la primera vez que peleábamos.
"¿Zain?", llamé.
"¡Hola!", exclamó él, poniéndose de pie. Observé el sudor que resbalaba por su frente. Iba muy bien peinado, con el cabello engominado hacia atrás.
"Debemos dejar de vernos, Rose", dijo intempestivamente.
La verdad, me tomó completamente por sorpresa. Eso fue tan inesperado que abrí la boca, como una tonta. Traté de tomar su brazo, ya que nunca imaginé que se rehusaría a que yo lo tocara, pero así fue; él brincó hacia atrás, alejándose de mí. ¡Qué situación tan patética!
"¿Qué quieres decir? ¿Estás bromeando?".
"¡Claro que no! Estoy hablando en serio. Tenemos que terminar nuestra relación", repitió él.
Me hice para atrás cuando sus palabras resonaron en mis oídos. Por unos segundos, me congelé en mi lugar con el corazón atascado en la garganta. ¿Por qué me estaba haciendo eso? Deseaba acurrucarme en un lugar donde nadie me encontrara.
"Por favor no...", salió de mi boca, con un tono de clara confusión y un poco de miedo; en realidad, ni siquiera pensé en decirlo. Mis ojos se volvieron feroces, al tiempo que lo miraba con atención, pensando que podría estar jugando conmigo.
"¿No qué?", me preguntó con impaciencia.
Parpadeé rápidamente hacia él, cuestionándolo incluso con mis manos, las cuales estaban levantadas a la altura de mi pecho. Todavía estaba tratando de comprender, pero sobre todo necesitaba una explicación.
"¿Cómo puedes decir eso? ¡Hemos estado juntos durante años, Zain! ¿Por qué no quieres seguir conmigo?".
Él se pasó la mano por el cabello con frustración y arrugó el entrecejo torciendo la boca. "Eso no importa, solo olvídame y sigamos adelante".
"No", resoplé, sacudiendo la cabeza. "¿Cómo podría hacer eso? No tiene sentido, al menos me debes una explicación".
"No puedes estar hablando en serio", respondió él inclinando la cabeza, sin dejar de mirarme a los ojos. "Sabíamos que lo nuestro iba a terminar de todos modos, porque nuestros padres no se gustan, además de que siempre estamos peleando por tonterías. Honestamente, ya no vale la pena".
Sus palabras ásperas y carentes de emoción lastimaron mis sentimientos ¿Por qué se comportaba de esa manera tan fría? ¿Qué podría haber pasado en tan poco tiempo? Ante mi silencio, él apretó los labios. Al verlo, me era difícil imaginar que días atrás solía sonreírme.
"¡¿Tienes algo más que decir?!", soltó con voz impaciente.
"Sabes que no funciona así", exhalé, con tono vacilante. En ese momento, todos mis recuerdos sobre los momentos dichosos que compartimos pasaron frente a mis ojos. Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas y su figura se volvió borrosa. "No puedes abandonarme", musité débilmente.
"Solo hay algo de lo que estoy seguro", dijo con calma. "Ya no quiero que seas mi pareja".
Entonces, sentí que me encogía; no por las palabras, sino por la convicción de lo que ellas significaban. Por la creencia completa y absoluta de la verdad que encerraban.
"¿Realmente sientes eso?", me atreví a preguntar.
“Sí”, respondió él con brusquedad. Vi su manzana de Adán que se movía de arriba abajo, mientras tragaba saliva. “Adiós, Rose. Espero que te vaya bien en la vida".
"No", balbuceé con las manos temblando, al tiempo que trataba de tocarlo, pero él volvió a retroceder. Algo, en algún lugar adentro de mí, esperaba que él cambiara de opinión. El calor que envolvía mi cuerpo desapareció por completo, dejando únicamente un sórdido escalofrío.
"Zain, por favor escucha...", murmuré, tratando de que entrara en razón.
“No intentes buscarme”, dijo con firmeza. Luego se alejó, desapareciendo entre la gente que paseaba por el parque.
Yo no podía siquiera respirar. Un terrible dolor crecía adentro de mi corazón y se extendía por todo mi cuerpo, creando una horrorosa angustia que se asentó en mi garganta. De repente, me sentí muy mareada.
Súbitamente, mi cuerpo cedió y me derrumbé hacia el suelo, quedándome en cuclillas. Entonces empecé a sollozar incontrolablemente y me tapé la boca con las manos. Las lágrimas salían de mis ojos escurriendo a lo largo de mis mejillas, provocando que me ardiera la piel.
¿Qué hice para merecer ese trato tan cruel?
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