Chapter 6 Castigada

Chapter 6 Castigada

Corrí hacia mis padres, tan rápido como mis pies me lo permitieron, sintiendo que la culpa me envolvía ante sus rostros avergonzados. Mi hermana, Cara, también evitaba mirarme a los ojos y se enfocaba en Aiden, que venía a mi lado. Me acomodé del lado de papá, tratando de deshacer el nudo que tenía en la garganta.

"Deseo pedir disculpas nuevamente en nombre de mi hija". Mi madre inclinó la cabeza con sinceridad hacia el Alfa, quien me miró a los ojos apretando los dientes.

Mamá tenía mal genio y todos en casa estábamos al tanto, así que andábamos con cautela cuando se trataba de ella.

Debido a eso, abriendo mucho los ojos y dándome a entender que en ese momento me tocaba hablar, papá me dio un codazo. Yo asentí lentamente girando hacia Aiden. Sin embargo, en lugar de verme a los ojos, él enfocó su atención en mi hombro. "Sí, realmente lo siento mucho, quiero decir por... Bueno... Por lo de antes...".

Él chasqueó la lengua de golpe, con las manos cruzadas en la espalda. "Ni lo menciones. Nos servirán la cena dentro de poco y, después de eso, mis soldados los acompañarán a la estación del ferrocarril".

Por el rabillo del ojo, noté que mi madre no se veía muy contenta. Realmente esperaba quedarse más tiempo para impresionar a su futuro yerno, pero sus planes se arruinaron por mi culpa.

"No queremos importunar", dijo papá aclarándose la garganta. "Además, no tenemos hambre, porque acabamos de almorzar".

Como si me siguiera una maldición, mi estómago gruñó en ese instante e inmediatamente miré hacia el suelo. ¡Que alguien me mate por favor! ¡Quería desaparecer! Al sentir los ojos de todos sobre mí, mis mejillas empezaron a arder. No era mi culpa haber tenido que saltar el almuerzo para ir a tomar una inyección supresora.

"Uh uh... tal vez podríamos comer algo ligero", dijo mi hermana riéndose suavemente.

Todos seguimos a Aiden al comedor. ¡Era enorme! Me aseguré de sentarme en el rincón más alejado de su silla, tratando de esconderme de él. La cena estuvo deliciosa, ya que nos sirvieron langosta con ajo a la mantequilla, pan y pasta recién horneados, estofado de pollo y de postre, una rebanada de tiramisú.

Ahí conocimos a la mayoría de los miembros de la manada. Sin embargo, no tuvimos tiempo de interactuar con ellos después de la cena. Me decepcioné cuando me di cuenta de que Aiden no me dirigió una sola mirada y mi molestia se profundizó cuando Cara tuvo un momento a solas con él para despedirse.

Mi hermana era su futura esposa, por lo que tenían permitido pasar tiempo juntos. ¿Por qué me afectaba? Sacudí la cabeza decepcionada, mientras seguía a mis padres para subirnos al vagón del tren que nos llevaría a nuestro pueblo.

En el camino de regreso a casa, mi madre y mi padre iban bastante molestos conmigo. El hecho de saber que le causé inconvenientes a papá me entristeció. Él solo me pidió que tuviera cuidado la próxima vez, pero mi madre empezó a regañarme. ¡Tenía veinte años! ¡Cómo era posible que me gritara de esa manera! ¿Pensaba que todavía podía tratarme como si fuera una bebé? En lugar de discutir con ella, simplemente asentí con la cabeza y acepté mi destino.

De cualquier modo, nada de lo que dijera la haría cambiar de opinión. Finalmente, fue mi culpa. Pero ¿por qué entré en celo de repente? Debería haberle preguntado a la doctora de la manada. Tal vez había una razón detrás de esto.

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El constante zumbido de las cortadoras de césped se detuvo por primera vez en horas y el silencio que se apoderó de la casa fue prodigioso. Mis ojos se dirigieron hacia las caras sonrientes que me veían detrás del vidrio de los cuadros colgados en la pared, y mis labios se curvaron ante eso. Estaba castigada en mi habitación, por lo que sentarme en la cama y mirar las paredes todo el día, se estaba volviendo cada vez más tedioso. La foto de cuando era niña me devolvió la sonrisa, lo que me hizo preguntarme cuándo todo comenzó a volverse una pesadilla tan opresiva.

No podría decir que mi infancia haya sido horrible o insatisfactoria. Sobre todo, porque no recuerdo ni la mitad de ella. Era consciente de que nunca me faltó nada, ya que, en muchos sentidos, crecí como una persona privilegiada. Tuve acceso a todos los deportes, campamentos y actividades que quise, durante los años que fui a la escuela. Afortunadamente, tenía todos los trofeos que gané alineados en los estantes de mi habitación. Me recordaban una etapa en la que recibí una serie de elogios superficiales; aunque finalmente no significaron nada para mí cuando todos se enteraron de que no era una Beta.

En el instante en que se corrió la voz de que era una Omega, comenzó mi lucha. No podía recordar el momento en que las sonrisas de la gente dejaron de ser sinceras. Mi madre hizo de mí un blanco móvil de desilusión. No era lo suficientemente buena para ella, quien deseaba dos Betas, pero en lugar de eso, tuvo que conformarse con una Omega.

Cuando escuché que ponían en marcha otra cortadora de césped, cerré los ojos con irritación apretando los puños a los costados.

"¡Ay, por el amor de la luna!", grité en mi habitación llena de recuerdos desfigurados.

Mi madre asistió ese día a otra de sus cenas de recaudación de fondos con una amiga, que por cierto era de lo más esnob. Estaban tratando de juntar dinero para algo sin importancia. Cara, fue a sus clases de la universidad y no volvería hasta la noche. Por otro lado, escuché que papá arrancó su auto aproximadamente una hora atrás, por lo que estaba tan sola como un perro sin dueño.

Oí que alguien gritaba mi nombre afuera de la casa, cuando una enorme piedra trastabilló contra el suelo de mi dormitorio. Corrí hacia la ventana y vi a Zain que agitaba los brazos efusivamente para llamar mi atención.

"¿Qué quieres?", solté con tono amargoso.

La verdad, me arrepentí cuando vi desaparecer su sonrisa. "¡Hola! Solo vine a visitarte", respondió él.

"Espera, ahora bajo".

Desde que regresamos de nuestra visita a la manada Moonlight, había estado de mal humor. Además, yo sola me estaba provocando una terrible frustración, ya que repasaba mi sueño con Aiden, una y otra vez.

Al salir de mi recámara, azoté la puerta con suficiente impulso para sacudir los marcos de la pared, solo porque podía hacerlo sin consecuencias. Al fin que no había nadie alrededor para burlarse de mí por hacerlo. Sin embargo, mi berrinche no alivió la presión que había estado acumulando dentro de mí.

"¿Por qué d*ablos me recibiste así?", me reclamó Zain frunciendo el ceño. Luego cruzó los brazos y agregó: "¿Qué te pasa? Llevas un tiempo actuando muy raro".

 

Yo apreté la boca entrecerrando los ojos. ¿Desde cuándo estaba molesto conmigo? Su tono me recordó demasiado los gritos de mi madre y me provocó una marejada de disgusto.

"No estoy rara, así soy yo, solo hago lo de siempre, como todos los demás, ¿o no?", contesté casi escupiendo las palabras, al tiempo que cruzaba los brazos contra mi pecho. Por el rabillo del ojo, noté que mis vecinos nos miraban boquiabiertos. Sabían acerca de mi amistad con Zain y, sorprendentemente, no les importaba en absoluto.

"No hagas una escena", siseó él, volteando hacia todos lados para ver si alguien se había percatado de que estábamos peleando.

Entonces, yo inhalé con frustración. "¿Perdón?", pregunté, con tono sarcástico.

"Me estás avergonzando", respondió él con los dientes apretados.

"Cierto, porque todo siempre gira en torno a ti, ¿no es así? Piensas que soy un títere con el que te divertirás, hasta que encuentres algo mejor". Exhalé y ni siquiera esperé su respuesta antes de caminar hacia la puerta, buscando a tientas mis llaves.

¡¿Qué se me había metido?!

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