Punto de vista de Rose
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El Alfa exhaló bruscamente, inclinándose para besar mis labios en carne viva, húmedos y apenas mordidos. “No quiero dejarte ir, nena.” Sus manos dejaron de aferrar la parte inferior de mi cuerpo y subieron hasta acariciar los bordes de mi mandíbula. Estaba tan cerca que pude ver que sus ojos parecían más oscuros y que sus pupilas se dilataban al fijarse en los míos.
Ante aquello fui incapaz de pronunciar palabra. Tenía la garganta seca y lo único que sabía en aquel momento era que mis labios palpitaban con un dolor sordo y húmedo por la carne viva y los dientes de mi compañero....