Pasamos el resto del día dentro de la cabaña, con Aiden escabulléndose. Cerca de la hora del almuerzo, vino y preparó la comida antes de que pudiera detenerlo. Cuando el Alfa volvió a irse para su habitación, vi que había un sándwich preparado a la parrilla sobre la mesada de la cocina.
Agarré el plato y comí el sándwich en silencio intentando no sonreír. Mis dientes seguían rechinando del frío que hacía afuera; la niebla teñía las ventanas y era imposible ver algo con claridad. Eso significaba que no podíamos hacer otra cosa más que pasar nuestro tiempo encerrados solos en la cabaña.
De pronto, escuché los golpes de un...