En cuanto puse un pie en la comodidad de mi habitación, una fuerte exhalación salió de mi garganta y mis piernas se aflojaron. ¿Qué había pasado? Mi rostro estaba enrojecido, mis mejillas ardientes al tacto y mis dedos temblaban. Intenté pensar en otra cosa, pero ¿qué iba a hacer? Considerando la tormenta, la señal de televisión y de radio eran inexistentes, pero era demasiado temprano para volverme a dormir.
Necesitaba distraer a mi omega lo antes posible. Las únicas opciones reales eran leer, escribirle una carta a mis padres, quienes quizás ni siquiera se molestaran en aceptarla, o ir a la sala y enfrentar de nuevo a Aiden. Ninguna de...