Me quedé helada al notar la presencia del intruso: no era otro que Caden. Tenía una actitud desafiante, la espalda erguida y miraba a Aiden con intrepidez. Permaneció inmóvil en ese mismo lugar con los brazos sueltos a los lados y no se molestó en saludar al futuro alfa de la manada; sin embargo, a mí sí me hizo una reverencia. Los miré de forma repetida y con torpeza, a uno y a otro, estaba en un escenario tenso donde tenía lugar su competencia de miradas.
"¿Cómo pudiste interrumpirnos?", gruñó Aiden en voz baja, sus ojos se tornaron sombríos y cerró los puños. "¿No aprendiste modales de pequeño?".
Un incómodo...