Beta Carlos
La gran cocina parecía abandonada, con polvo acumulado en las superficies de los mostradores. El olor persistente de comida vieja se pegaba a mi nariz, haciéndome sentir inquieto.
El vidrio roto que crujía bajo mis pies me hizo preguntarme cómo este lugar alguna vez fue un hogar para los cachorros. No podía soltar la frustración que iba creciendo en mí.
Cuanto más descubría sobre Larsen y esta manada, más mi ira, desesperación y esperanza hervían dentro de mí. Quería, no, necesitaba encontrar evidencia, pruebas sólidas de sus crímenes. Si no lo lograba, no podría ser responsable de soltar el control al que me aferraba.
—Beta, Breas acaba de...