Briana
Con cada paso que daba bajando las familiares escaleras de madera, sentía mi corazón estremecerse. El doloroso latido en mi pecho hacía que mi cuerpo se volviera rígido. Involuntariamente apreté más fuerte el brazo del Beta, tratando de obligarme a mantener una mirada tranquila.
Mi cuerpo ya me había abandonado una vez esa noche. Los dolorosos recuerdos y las palabras del alfa no traían más que dudas a mi mente. Quería más que nada ser valiente, enfrentar mis miedos, mi cabeza, de frente. Resultó que no era tan fácil.
Tan pronto como la luz tenue y parpadeante iluminó la solitaria habitación, mis ojos casi se agrandaron al ser testigo...