Breya
Jacobo se había ido hace un rato, dejándome con mis pensamientos. La habitación estaba en silencio, pero mi mente era el ruido más fuerte que jamás había escuchado. Todo volvía a mí con una furia que no estaba segura de poder manejar.
No me había movido del lugar frente a la ventana. Mis ojos se clavaban en las cortinas azul oscuro que ahora me brindaban el refugio sombrío en el que me escondía.
Era como si mis pensamientos fueran demasiado pesados para moverme, como si me aplastaran, convirtiéndome en una estatua de piedra. Mientras pensaba en la pregunta que le había hecho a Jacobo, intentaba encontrar esa parte de...