—Viniste —dijo yo sonreí.
—Lo hice ¿Puedo quedarme unos días aquí..?
—Claro que sí. Dime qué ha pasado.
Le comenté cada uno de los detalles, diciendo que le había dicho la verdad el rey. Sin embargo dudaba que él pudiera llegar a creerme.
Me di cuenta que él estaba enamorado de su esposa que estaba muerta, y no de mí.
Al caer en esa realidad me dolió demasiado. Ahora cno podía borrar el recuerdo de sus besos sobre mí, la manera en la que me acariciaba. Tenía el corazón demasiado destrozado, y en ese instante, lo que menos tenía ganas era de vivir.
Ella me comprendió, me aceptó y me...