Edgar seguía mirándose los pies, avergonzado, pero miró a Nathalia, la syren en cuanto ésta se
puso a cantar. Hasta empezó a caminar hacia ella, avanzando lentamente, como
arrastrado por su canto.
-¡Cierra el pico, Nathalia, la syren! -gritó Antonieta, con un trasfondo perturbador en su voz
normalmente sedosa. Cuando estaba enfadada tenía un tono monstruoso que no
parecía poder controlar y que hacía que sonara como una criatura espantosa de
película de terror-. ¡Nadie quiere escuchar tus graznidos!
-¡Uf! -gruñó Nathalia, la syren, levantando la voz, y la música se silenció. No sólo Nathalia, la syren, sino
también la cadena-. ¡Me voy a nadar, ya que estás actuando como...