Sabía que ambas habíamos decidido venir a la superficie por decisión propia, ambas éramos adultas y la parte más liberal y dionisiaca dentro de mí sólo quería bailar y divertirse, ver al hombre que protagonizaba mis sueños desde la primera noche en que lo conocí. Pero otra parte dentro de mí, aquella más racional sabía que ellos habían descubierto nuestro secreto. Y sólo por el hecho de habernos capturado en una red, merecían la muerte, pues era una acción totalmente irrespetuosa para tratar a una sirena. Nosotras éramos criaturas mitológicas, descendientes directas de la Diosa del mar. Pero no me tomaba tan a pecho las normas y sabía que entre humanos era bastante natural realizar acciones erradas y ratificarlas solo después de darse cuenta de que habían cometido una falla. Eso era algo que distinguía a las sirenas de los humanos, nosotros valorábamos nuestras relaciones para evitar herir o cometer un error hacia otro, mientras que los humanos solían cometer errores o hacer daño, y en la medida que valoraban las relaciones personales, iban mejorando su trato interpersonal.
Suspiré, resignada a permanecer junto a ellos y llevé un mechón de mi rubio cabello detrás de mí oreja, observé al chico que me había dado su chaqueta, él era tan inquietantemente misterioso, me preguntaba si acaso él también se sentía atraído hacia mí.
- Muy bien – Dijo Seila con voz seductora, había recuperado su porte y temple natural. Al parecer se debía a su cercanía con su humano, Edgar.
- Les contaremos todo acerca de las sirenas, sólo con una condición.
- Deben jurar bajo juramento de la Diosa del Mar que no contarán nuestros secretos, y nos dirán todo lo que saben acerca de los hombres lobos.
- Me parece un trato aceptable
- Ignacio conoce todo acerca de los hombres lobos – Dijo Edgar mirando al otro hombre, cuyo abrigo me envolvía, entonces su nombre era Ignacio, entendí.
- Entonces vayamos al bote – Dijo Ignacio – Hay cena para ustedes, pensábamos invitarlas a cenar, capturarlas de esa manera tan desconsiderada no era parte del plan.
- Pues ya es tarde para las disculpas – Dije secamente, entonces volteé los ojos mirando hacia el bote. Suspiré aliviada, moría de hambre y después de todo lo que planeaba esa noche era salir a comer y divertirme, quizá no sería tan mala la noche.
El bote era lujoso, permanecía encallado a la playa, subí descalza, pues no había tenido tiempo de colocarme mis zapatos de tacón. Ignacio subió primero al bote, seguido de Edgar, al momento de subir el me tendió la mano.
Miré fijamente su mano, su brazo velludo y su cuerpo cálido me perseguían en mis sueños de sirena. Tomar su mano fue algo que hice con suma naturalidad, fingí no darle importancia.
- Gracias – Susurré.
Al entrar al yate me quedé sorprendida por la decoración, era realmente hermosa, las velas encendidas daban la impresión de flotar sobre el oscuro mar que se desplegaban en el horizonte, además la brisa fresca y fría de la noche aviva las velas sin apagarlas, hacía que estas crecieran e iluminaran todo con una luz amarilla y destellante tan similar a las estrellas fugaces. Ignacio fue realmente amable, frente a nosotros había una mesa servida, con una cena que lucía deliciosa, como todo un banquete, me pregunté si acaso él había preparado la comida con sus propias manos. Tendió la silla hacia atrás con la vista clavada sobre mí, y me senté.
- Gracias – Susurré de nuevo, consciente que era la segunda vez que le agradecía, después de que él me había pedido disculpas por permitir que nos atraparan en una red de pescado como animales.
Pero no lo disculparía tan fácilmente, no estaba enojada, pero a la vez cautivada por su compañía. Disfrutaba que él era amable conmigo y mi hermana y disfrutaba saber que él estaba allí, tan cerca de mí, junto a su pequeño grupo de amigos hombres. Pues en algún momento, al recordarlo los días anteriores me hice la idea de nunca más volverlo a ver. Era abzurdo pensarlo tanto y ahora que lo tenía al frente fingir tanta indiferencia, su presencia sencillamente me conmocionaba. Suspiré profundamente.
Seila se sirvió un poco de vino al sentarse en la mesa junto a Edgar, la verdad no disfrutaba tanto del alcohol como mi hermana, al igual que Yryhnna, preferíamos disfrutar de otros placeres que solían tener los humanos. En nuestro reino también existía el alcohol, y celebrábamos durante las fiestas y reuniones con un champagne exquisito tan parecido al borubon rosa que bebían. En ese momento vi una botella de borubon junto al vino, y sonreí complacida.
- ¿Quieres una copa de vino tinto o prefieres Borubon? - Preguntó Mathías, dirigiéndose hacia mí. Era la primera vez que miraba fijamente a sus ojos, entendí porque Seila se encontraba tan fascinada por aquél humano. Sus ojos eran profundamente brillantes como el reflejo amarillo de la luna moviendo el tranquilo mar. Su pupila era de un profundo azul oscuro, pero en todo el centro del iris un sol amarillo se extendía pintando su mirada de retazos dorados.
- Prefiero Borubon, me encanta – Admití dulcemente con mi voz de sirena seductora.
En ese momento descubrí que durante toda la noche no había usado mi voz de sirena seductora con Ignacio ¡Grave error! No podía descuidar mi naturaleza de sirena frente a un humano, solo por estar enojada. Entonces me giré hacia Ignacio, quien estaba sentado al lado mío y para mi sorpresa sus ojos estaban fijamente en mí, me miraba con una intensidad que me desarmó, entonces solo pude hacer lo que mis sentidos me permitieron intentando conquistar su deseo dormido. Le sonreí profundamente y le envié un mensaje telepático.
“Hazme tuya, me muero porque me hagas tuya y me hagas el amor”. Dije entre mis pensamientos, mirando sus profundos ojos marrones hasta perder el aliento.
- Muy bien – Interrumpió Mathias – Ahora que estas hermosas sirenas han aceptado nuestra invitación, y podemos disfrutar de una bella velada, quiero comenzar diciendo que somos cazadores de hombres lobos y si las sirenas son enemigas de los hombres lobos, son nuestras amigas por naturaleza – Dijo Mathias y en ese momento levantó la copa.
- Brindemos – Seila y él chocaron delicadamente sus copas, y pude percibir una imagen futura. Seila y Mathias contrayendo nupcias, ambos brindando en su boda con los brazos entrelazados al beber de sus copas. Sonreí plácidamente ¿Cómo sería eso posible? Alcé mi copa y brindé junto a ellos, y secretamente, brindé por su futuro amor.
- También agradezco que nos hayan perdonado la vida al momento de liberarlas – Dijo Ignacio y todos rieron ligeramente, él era gracioso.
- Entonces yo iniciaré contando cómo las sirenas y los hombres lobos se hicieron enemigos desde tiempos ancestrales – Dije con voz seductora – Fue hace mucho tiempo, esta historia me la contó mi madre, y nuestra abuela se la contó a ella. Y así ha sido por generaciones la manera como hemos mantenido viva nuestra historia.