Regresamos esa noche a casa, casi celebrando nuestro escape clandestino y peligroso, poco antes del atardecer, habíamos al menos infringido 20 reglas, y además Seila y Mathias almorzaron juntos cuando él la invitó a comer. Yo me retiré dándoles mayor privacidad a sola y la esperé en el restaurante de la empresa, ubicado en el Lobby. Lo sorprendente era que aunque Mathías no recordaba nada en particular de Seila, la trataba como si ya la conociera.
Yo no tuve tanta suerte, pues no volví a ver al hombre calvo que había visto en la playa, y tampoco sabía nada de él, ni siquiera su nombre. Pero algo dentro de mi corazón, una voz proveniente desde otro plano me decía que pronto volvería a tenerlo cerca de mí.
- Ya lo sé todo – Dijo Yryhnna nadando hacia Seila en el momento que ella, con cara de felicidad se disponía a peiarse.
Seila se encontraba sentada en el sofá de nuestra lujosa sala, con un montón de revistas y fotografías de modelos humanas maquilladas a su alrededor.
- La guardia le ha informado a Alan – Anunció, pero Seila apenas mostró expresión de culpa o vergüenza, ella se encontraba sumida en sus sentimientos de amor.
- No quiero que vuelvan a ese lugar, no quiero que estén en contacto con los humanos.
- Pues lo siento hermana, pues me han invitado a una fiesta mañana en la playa.
- ¿Otra fiesta? ¿Acaso haz perdido la razón?
- Puedes acompañarme si así lo deseas.
- No iré, y tú tampoco deberías.
La noche siguiente Seila se encuentra arreglándose en un nuevo vestido corto y bastante sexy, es de espalda descubierta, se ajusta perfectamente a la curva de su cola de sirena como se ajustará a su trasero y piernas en cuanto se transforme. Desde luego su cita de esa noche no sabe su verdadera naturaleza, al menos por ahora su identidad mágica parece clandestina.
- Nadie se enterará de lo que realmente somos – Me asegura Seila. No tiene que hacer mayor esfuerzo para convencerme de acompañarla.
- Lo cierto es que me gustaría salir y distraerme, y quizá comprender algunas cosas de lo ocurrido
- Mía, no hablaremos del accidente, lo dejaremos todo atrás. Solo iremos a divertirnos ¿vale?
Asiento ligeramente y maquillo mis labios con un labial rojo pastel. Si mi hermana no quiere contar nada, no lo haré, el cuidar el secreto de nuestra raza es escencial. Aún así no puedo evitar preguntarme si Yryhnna tiene razón, si de verdad aquellos hombres que cazan hombres lobos no recuerdan nada y son completamente inocentes, o si se trata de una trampa.
Al salir de casa Yryhnna no se despide, ella se va a casa de Alan esa noche, y Seila y yo salimos a la fiesta.
- Manténme informada de cada detalle – Me dice, su voz suena severa pero en sus ojos azules veo un destello de desesperación.
- Descuida, te mantendré informada – Le aseguro, haciéndole saber que nuestra comunicación mental es infalible y esa noche no será la excepción.
Cuando Seila y Mía se despiden Yryhnna llega a casa, Alan se encuentra descansando en la habitación pues el día laboral ha sido bastante pesado, desde que las alertas se encendieron con respecto a los hombres lobos, su carga horaria ha aumentado. Yryhnna vive en una hermosa casa ubicada en un arrecife, en las profundidades del océano, debe pasar una cascada y llegar a su hogar caminando, con forma humana porque la casa no se encuentra sumergida sino flotando sobre el agua. Algunas sirenas tienen sus casas encima del agua, en lugares muy hermosos, disfrutando del sonido del mar y el movimiento de las olas. Ella y Alan disfrutan de su cuerpo humano porque tienen una sexualidad muy activa, cuando estaban recién casados apenas podían quitarse las manos uno del otro. Ella lo ama inmensamente y él la adora y adora su cuerpo humano y de sirena como a una diosa.
- Amor, estoy en casa – Susurra caminando por el pasillo hacia la habitación, Alan la toma del brazo y la lleva hacia la pared, ella está completamente desnuda pues acaba de transformar su cola de pez, y únicamente viste un brallete dorado que cubre sus senos naturales y firmes.
Nunca se cansa de que Alan la toque, cada caricia es una nueva sensación que descubre en su cuerpo. No podría acostumbrarse a hacer el amor porque cada encuentro es una nueva manera de entregarse a su hombre sireno, ella lo ama completamente, y es suya completamente.
Alan la alza y la sujeta contra la pared al tiempo que Yryhnna abre las piernas y envuelve sus caderas, ella suelta un gemido, lo único que los separa es la tela de un short que lo viste pero él se lo quita inmediatamente. Yryhnna cierra los ojos, ansiosa, perdida en el placer y la necesidad de estar cerca suyo.
- Eres tan dulce – Susurra él pasando sus manos por su rostro. Mira fijamente el rostro de la mujer que ama, la sirena más sensual y el alma más pura que ha conocido en este mundo, ella quien se ha entregado completamente a él.
Entonces Yryhnna gime despacio cuando el toca los labios de su entre pierna e introduce sus dedos, lentamente, despacio, sintiendo cuán mojada está.
- Me encanta tanto sentirte, gracias por permitirme sentirte así – Ella gime despacio y lo abraza con fuerza llevando sus caderas hacia él al sentir sus caricias. Él la somete bajo su falo y la llena de placer.
Yryhnna se pierde completamente en las sensaciones de su cuerpo, se siente hermosa, suya completamente. En ese momento una imagen llega claramente a su mente. Una red de pesca, enorme, del tamaño de un barco, sobre un bote y dentro de la red dos hermosas sirenas, tan bellas y puras como el agua de manantial, una de ellas sujeta su frente y cierra sus ojos, hablándole en su cabeza, Mía. Yryhnna abre los ojos, asustada, Mía y Seila están en peligro. Los besos de Alan continúan cubriéndola pero ella debe decirle que se detenga.
Lo empuja ligeramente hacia atrás con delicadeza.
- ¿Quieres cambiar a otra postura?
- No amor, es perfecta, me encanta, pero he tenido una premonición - Dice suavemente, con tacto suficiente para no lastimar su hombría – Mis hermanas están atrapadas en una red de pesca, necesitamos a la guardia del reino.
Aquella noche Mathias no estaba seguro de secuestrar a Seila de esa manera, no quería hacerle daño, pero Edgar le aseguró que estarían a salvo. En cuanto Mía y Seila salieron del agua, las esperaban en un bote encallado lo suficientemente oculto para lanzarles la red cuando tenían la cola de pez. El bote las había trasladado hasta la playa y él había visto con sus propios ojos una cola hermosa de color azul eléctrico como la de una sirena saliendo de las caderas de Seila, hasta ver sus forma humana, con sus piernas de humana envueltas en la red, Seila llevaba un vestido blanco ajustado a su bello cuerpo. Mía, a su lado gemía y gritaba pidiendo que la soltaran, su cuerpo increíblemente hermoso, pasó de tener una cola brillante y anaranjada como el bronce más intenso fundido con tonos naranjas, hasta volver a tener dos piernas tonificadas y firmes, como las de una bailarina de ballet, las cuales salen desde un vestido corto y de vuelos que viste la sirena. Mía era la que tenía las piernas más largas y la cintura más definida, pues era la más alta de ellas. Cuando fueron llevadas a la playa ambas fueron colocadas sobre la arena de la playa, envueltas en la red. No había rastro de la transformación sobrenatural, ahora solo eran hermosas mujeres humanas, atrapadas y enojadas.
Debes soltarlas, dice una voz enojada con tono resolutivo. Mía abre los ojos y alza el rostro buscando la voz de ese hombre, su corazón se detiene. Es el mismo chico de aquella noche, siente una mezcla de sentimientos, indignación, enojo y vergüenza de estar atrapada frente aquél humano. Entiende por primera vez el sentimiento de los humanos, de cubrir su cuerpo para que otros no la miren, pudor. Aunque ella y Seila llevan vestidos, sus piernas y su sexo están descubiertos. Siente pudor. Sus mejillas se sonrojan y sus ojos se llenan de lágrimas.
Entonces suelta un alarido monstruoso y su rostro se transforma en el de una sirena enojada.
- Déjenme salir o juro que se arrepentirán – Digo furiosa con el fuego ardiendo en mis palabras.
- Quiten la red – Dice aquella voz que ahora desprecia tanto.
Él se acerca hacia mí y con una mezcla de protección y dulzura me entrega su abrigo, cubre mis piernas y mis caderas. Innecesariamente pues llevo un vestido, aunque no llevo ropa interior, él me mira fijamente al tiempo que quitan la red, mis pupilas dilatadas se encuentran con sus ojos, su mirada me observa atenta, severa y por alguna razón aquella seriedad me desarma. Me siento desesperada, deseosa de lanzarme hacia el mar y desaparecer de vista de la intensidad de su mirada.
- ¿Qué demonios creen que hacen? – Grita Seila, levantándose. Camina hacia Edgar exigiendo una respuesta.
Él la abraza y siguiendo el gesto del otro hombre la cubre con su abrigo, pero Seila lo aleja con una mano.
- ¿Cómo te atreves?
- Sabía tu secreto, sabía que me habías hechizado
- ¿Cómo te atreves tú a borrar mi memoria?
- Era por tu bien, quería protegerte – Dice con reproche Seila, sus ojos se llenan de lágrimas.
- La guardia sirena estaba en el mar cuando ocurrió el accidente, listo para atacarlos, no les gusta dejar testigos vivos, no importa que fuesen inocentes, ellos los iban a matar. –Explicó desesperada, sus lágrimas brillaban como el agua más cristalina. Edward la miró dulcemente y acarició sus mejillas. El roce de la yema de sus dedos en su rostro la reconfortó.
- Eso es cierto – Agregué. – Nuestro padre es un Tritón muy poderoso, de saber que ustedes estaban con vida y sabían nuestro secreto hubiese ordenado su muerte.
- Ahora queremos que nos cuenten el secreto de las sirenas, por qué otras que era igual a ustedes murieron esa noche, siendo atacadas por ti – Dijo él interrogándome y me señaló con su mirada, sus ojos me miraban de una manera tan inquisidora y posesiva que era irritante.
Sentía que lo odiaba y a la vez sentía una fuerte atracción hacia él, y ni siquiera sabía su nombre, tan solo sabía que era un cazador de Hombres Lobos y al parecer también de Sirenas. ¿Podía amar y odiar a un hombre completamente desconocido? Sabía que era abzurdo sentirme de esa manera pero mis sentimientos parecían inquietarse más y más dentro de mí, deseaba besarlo intensamente y conocer todos sus secretos. Cerré los ojos y respiré profundamente, ellos querían respuestas y yo también. Lo mejor sería comenzar a aclarar todo.
- Esas sirenas no son iguales a nosotras, son mitad monstruo, mitad pez. Son Syren, y son nuestras enemigas. – Expliqué.
- ¿Y ustedes no son mitad pez, mitad monstruo? He visto cómo te transformaste al momento de proteger a tu hermana y fue bastante aterrador.
Me respondió. Sentí sus ojos sobre mí.
- Lo fue, porque cuando una sirena se molesta se vuelve como un animal, sacamos nuestro instinto animal.
- Las sirenas enojadas son peligrosas – Agregué – Y lo que ustedes acaban de hacer no me tiene precisamente alegre – Dije caminando hacia mi hermana, la tomé de la mano, lista para echar a correr hacia el mar en cualquier momento. Pero el hombre llamado Edgar la sujetaba por el hombro, intercambiamos miradas confundidas.