Chapter 2 Ataque en la playa

Chapter 2 Ataque en la playa

Un grupo de chicos jugaba en la playa una especie de juego divertido, golpeaban una pelota con una raqueta en la mano. Aunque no vivíamos en el mundo humano, éramos muy conocedoras de todos sus secretos, las sirenas podíamos visitar la superficie e incluso caminar entre las personas cada vez que quisiéramos, lo que nos permitía comprender su cultura y sus normas fácilmente.

Pude ver que el equipo estaba disparejo pues dos chicos jugaban contra tres chicos. El equipo que tenía mayor número de jugadores lo conformaban una chica, y dos hombres, mientras que el equipo de al frente lo conformaban dos hombres, todos eran jóvenes, y había otro muchacho sentado a un lado de la malla, viéndolos jugar, se abrazaba las rodillas con un brazo y con el otro sostenía su mentón observando el partido de tenis con una concentración similar a si estudiara un partido de ajedrez. Miré a ese chico y pude ver sus antebrazos fuertes y velludos, giré hacia el bar donde un montón de gente hacía difícil el acceso. Yryhnna me tomó del brazo soltando una risita.

- Sigamos a Seila, antes de que se ligue a cualquier hombre - Añadió Yryhnna.

- Los hombres humanos son tan fáciles de seducir – Dije, ambas reímos.

Seila, en la barra pide cockteles y picadillos.

Los coloca en una mesa y mira por encima del hombro buscando a alguien.

- ¿Tendrás algo para comer? – Inquiero sutilmente al ver que Seila solo ha pedido pastelitos de queso. Miro a mi hermana pararse de la mesa y la pierdo de vista, giro nuevamente hacia el mesero, le hablo con aire elegante y seductor.

- ¿Quizá sushi?

- Disponemos de una carta especial de sushi esta noche, esta noche servimos un especial de lo mejor de la gastronomía japonesa.

El mesero me entrega la carta y puedo ver variedades de sushi, vaporizados y fríos, el estómago gime ansioso por llenar el vacío, no comía desde primera hora de la mañana.

- ¡Vaya! – Dice Yryhnna sorprendida – Luce delicioso.

- Sí, deliciosa – Dice el mesero observando atontado el bello rostro de Yryhnna, entonces ella alza los ojos hacia él, y como era de esperar el hombre pierde completamente el sentido del habla. Yryhnna suspira resignada, ya está acostumbrada a causar ese efecto en los humanos.

- ¡Me encanta la comida japonesa! – Agrega mirándome con alegría.

- Estupendo, parece que es mi noche de suerte – Le digo y entrego la carta al empleado del restaurante y le sonrío. Él parece aturdido ligeramente por mi sonrisa, luego cabecea y vuelve a hablarme de manera automática, sin apartar sus ojos de los míos.

- Indudablemente la mía también. Podría sugerirles también un cocktel Laguna Azul para acompañar la entrada.

- ¡Oh estupendo!

- ¡Me encanta la idea! – Responde Yryhnna. El mesero se alegra al punto de la euforia y se retira de nuestro lado de la barra, no sin antes tropezar torpemente con uno de sus compañeros y hacerle tirar al suelo una bandeja con cervezas.

- ¡Fíjate por dónde caminas!

- ¡Oh, lo siento, lo siento! – Se excusa el empleado y se pierde de vista a través de una puerta que lo dirige hacia la cocina.

Yryhnna y yo nos miramos en silencio y penetramos en la mente de la otra con nuestros ojos, ambas soltamos una carcajada.

- ¡Oh aquí están! – Dice Seila, parece aliviada de vernos

El ambiente estaba lleno de hombres jóvenes y apuestos, algunos rostros eran perfectos como los que solía ver en las revistas, un grupo de mujeres hablaba efusivamente con un hombre, él parecía desenvolverse en la conversación sin sentirse incomodado por la atención de tantas mujeres. Noté que era el mismo chico que había estado sentado mirando a sus amigos jugar volleibol. Me sorprendí al notar que ese chico no era particularmente muy apuesto, era alto y su piel muy blanca, su nariz no era aguileña pero era muy fina y resaltaba, sus ojos eran profundos y miraba con atención a las chicas cuando ellas hablaban. Su mirada era penetrante e inquietante. Sus labios eran finos y lo particularmente llamativo en él era su barba y el vello corporal que cubría todos sus brazos de forma exagerada.

Le pedí al mesonero un trago cuando este se acercó a preguntar qué deseaba. Moví mi cabello hacia atrás con un gesto de mi brazo y mi rubia melena color cenizo cayó por mi espalda, cosquilleándome por el cabello mojado. Fingí no prestar atención pero lo cierto es que me interesaba saber qué decía aquél hombre. Algo importante en el mundo de las sirenas es que solemos ser directas y muy dulces o seductoras. Si un hombre nos gustaba lo sabíamos al instante de mirarlo a los ojos y escuchar su voz, y ese hombre, aunque todavía no sabía por qué, me resultaba muy atrayente.

Él habla con tres hermosas chicas, tan hermosas que podían pasar por sirenas, a todas las hacía reír. Una de ellas era peliroja y sus mejillas estaban llenas de pecas, otra llevaba el cabello negro azabache a la altura de los hombros y la otra tenía el cabello largo y rizado cubriendo su espalda, reía fascinada al escucharlo hablar. No solía sentir celos por ninguna mujer, siempre consideré que era hija de la gran Diosa, pues todas las sirenas lo somos, pero esas mujeres alrededor de él me causaron intriga, yo también quería poseer su atención.

Intenté girarme hacia ellos y descubrí mi oreja para escuchar con mayor claridad sin la cortina de mis cabellos húmedos

- Pocas veces nos deteneos a pensar que la vida se nos va a acabar – Explicó con una ligera expresión de plenitud, como si hubiera meditado en ello profundamente.

Mis pupilas se dilataron al escuchar su voz, era como si cada palabra que decía expresara sabiduría. Pero también algo de arrogancia. ¿Me estaría volviendo loca por percibir tan detalladamente a ese humano? ¿Qué tenía él de especial?

- Pocas veces pensamos que tal vez este último momento con esta persona, o que este momento no se vuelve a repetir.

- Estás romantizando la vida – Dijo con una sonrisa burlona la chica de cabello rizado y largo

- No es romantizar, es ser pragmático

- ¿Pragmático? – Preguntó la peliroja, ella lo miraba con suma atención como si quisiera brincar encima de él y meterle su lengua en la garganta.

Me era muy fácil percibir las feromonas femeninas. ¿Quizá ellos eran novios?

Me desilusionó este último pensamiento, en ese momento el mesero se acercó a mí con mi bebida. La chica del cabello negro me observó de repente por encima de los hombros de la peliroja que me daba la espalda, el chico se encontraba entre ellas. La mujer me miró con suma curiosidad, pero ya estaba acostumbrada a ser admirada por mi belleza y que la gente se quedara mirándome, no me molestaba esa atención, todas las sirenas solemos ser algo vanidosas.

- Solo una persona pragmática puede evaluar las relaciones y los sentimientos al punto de medir cada segundo que estás compartiendo con otros – Dijo él – No dudo que tú seas capaz de valorar y disfrutar tu vida sin sentido pragmático, pero ser de esa manera te ayuda a analizar el valor de lo que vives y no dejarlo pasar. De lo contrario puedes ser muy dionisiaca y olvidarte de valorar en lo absoluto.

En ese momento mis ojos grises brillaron profundamente, había escuchado a ese hombre decir la palabra “dionisiaca” era una de mis palabras favoritas.

- Quizá debes entregarte más a tus pasiones y dejar de poner tantas barreras mentales – Dijo la peliroja con algo en su voz, no logré descifrar si era aburrimiento o si ella solo sonaba despectiva.

No hay ninguna mujer que me haga siquiera considerar destruirme a mí mismo para amarla – Dijo él con tono resolutivo

- Quizá una sirena – Las palabras salieron de mi boca sin poder contenerme, el chico giró su rostro hacia mí y la peliroja que me daba la espalda, se volteó a mirarme en ese segundo, me miró con una máscara fría, sin expresión. Yo alcé la mirada hacia ellos de manera retadora, me debí sentir vulnerable siendo una completa desconocida frente a un grupo de cuatro, pero estaba acostumbrada a dominar mis miedos a través de la palabra, por eso me encantaba tanto leer clásicos de la literatura humana. Entonces el chicho que había estado conversando con ellas me miró fijamente, y mi corazón se llenó de calor. Él era ligeramente calvo, su barba era abundante y bien afeitada, y sus ojos me podían hechizar completamente, eran pequeños y ordinarios, color marrón pero denotaban una comprensión y sabiduría que me inquietaba hasta querer saber sus más dulces secretos. Quizá él no lo sabía pero era muy inteligente, poseía un gran diálogo interno y la sabiduría que denotaban sus palabras lo definían completamente en un par de años. En ese momento al mirar sus ojos lo supe, tuve una revelación del futuro.

Algunas sirenas tenemos dones mágicos al nacer, el mío era viajar a través del tiempo desde el plano astral, podía enviar mensajes al pasado, o recibir mensajes desde el futuro. Él me continuaba mirando y mis labios temblaron ligeramente pero mi corazón latía ardiente y deprisa.

- No tendría opción alguna frente a una sirena – Agregué finalmente.

La chica de cabello castaño y rizado me dirigió una mirada radiante, pero había algo macabro en su mirada, me recordaba a una sonrisa con cierta oscuridad en su bello rostro, una sonrisa que ya había percibido antes, aunque no recordaba con quien.

- En la mitología griega y escandinaria la sirena es una semidiosa que vive en los océanos y con sus cantos son capaces de seducir a los hombres – Me respondió él, en ese momento toda su atención se centró en mí.

- ¿A qué te dedicas? – Pregunté soltando una risa

- Me gusta tu risa – Me dijo -, suena a cantos de sirena. – Agregó, yo me mordí el labio escuchando su cumplido. Aquello no pareció gustarle a sus nuevas amigas que me miraron con desdén.

- Soy científico, trabajo con inteligencia artificial.

- ¿Con robots?

- Sí, me encanta trabajar con robots – Explicó. En ese momento entendí que era la primera vez que sacaba el tema en toda la noche, sus acompañantes no le habían preguntado acerca de su trabajo, o quizá ellas lo conocían muy bien y ya no necesitaban hablar con él sobre sí mismo. - Lo que haces marca la diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres marcar.

- Vaya eso es fascinante, me encantaría trabajar con robots – Dije con mi voz suave, más suave de lo usual y muy seductora – Aunque me causa temor que sean tan inteligentes – reflexioné sobre las últimas palabras -, como un humano.

- Nada en la vida es de temor, es solo de entender – Respondió él.

En ese momento la peliroja soltó un suspiró e hizo un gesto de aburrimiento, ella se unió a su compañera de labios gruesos y oscuros y el cabello castaño, noté que ambas hablaban en un hilo de voz, y mantenían los ojos clavados en mí. La tercera chica que había estado al lado suyo escuchándolo, había desaparecido sin darme cuenta del momento.

- Creo que te he interrumpido.

- No, para nada, solo estábamos conversando.

- ¿Sobre robots? – Quise saber y enarqué una ceja.

- No, de hecho conversábamos sobre genética. ¿Genética?

- Sí – En ese momento tomó de su trago y pude observar sus brazos. Solté un gemido que resonó en un hilo de voz, él pareció no escucharme.

- Eres tan peludo – Digo sin poder contenerme. Siento mis mejillas arder en ese momento y un calor cosquillea mis labios.

- You seems to be very wild and savage

- Soy un rebelde sin causa

- Como un criminal – Dice en tono de juego

- No, yo me refería más a salvaje como una bestia, como un animal – Dije viendo su cuerpo peludo, los hombres sirenos nunca solían tener tanto vello, de hecho no tenían vello en la espalda, tampoco en el pecho. Pero él tenía la barba, los brazos e incluso el nacimiento de su cuello, cubiertos de vello. Lejos de causarme rechazo, algo en mí, anidado y dormido, se despertó súbitamente con ardor y curiosidad.

Mi abuela solía decirle siempre a Yryhnna que los hombres peludos eran los más apasionados. Yryhnna fue la única de mis hermanas que conoció a mi abuela.

Miré sus pectorales y no pude evitar imaginarlo haciendo el amor con una mujer, su calor, su cuerpo peludo. En ese momento mis ojos se encontraron con los suyos, sonrojada bajé la mirada hacia su pecho y solté un leve gemido. En ese momento escuché un grito.

- ¡Es luna llena! – Grita una voz. Giro el rostro en busca de esa voz aterradora y asustada que me era tan familiar.

- ¡Yryhnna! – Suelto antes de correr hacia mi hermana, pero ya era tarde, un hombre lobo se había lanzado sobre ella, a su lado se encontraba aquella mujer de cabello negro y tez blanca que había estado conversando junto a la barra. Yacía tirada en el suelo sobre un espejo y gran charco oscuro. Veo a mi hermana, con ojos llorosos y acuosos y su barbilla firme, la misma firmeza que demostraba mi padre al entregarse a una batalla. Yryhnna iba a pelear por su vida, lo supe al instante que corría hacia ella, yo sólo podía ver una bestia parecida a un lobo, con la espalda peluda y enormes garras saliendo de sus brazos, de al menos tres metros de altura sobre mi hermana.

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