Habían pasado semanas desde el ataque de los hombres lobos, la guardia sirena, alarmada por lo seguido de los ataques cerca del mar había prohibido a las sirenas interactuar con humanos hasta nuevo aviso. Podían subir a la superficie solo si se mantenían lo suficientemente cerca del océano y debían informar siempre a la guardia sirena para esta estar atenta de su retorno al mar.
No había toque de queda por los momentos, pues aún se investigaba el motivo de los ataques si había sido planificado por las syren o tenían los hombres lobos un plan para acceder al reino del mar.
Después del accidente en la playa, las personas estaban cerrando sus locales temprano. La versión oficial de la policía fue que una banda de asesinos, llegó a la ciudad y asaltaron la fiesta, los únicos sobrevivientes habían sido tres chicos que recordaban borrosamente lo sucedido, a raíz del trauma presenciado no pudieron darles mayores detalles a las autoridades. En cuanto supimos las noticias confirmamos que el hechizo de Seila había surtido efecto y los cazadores de hombres lobos apenas recordaba cómo salieron vivos del ataque, evidentemente al ser cazadores ellos mismos habrían sacado sus conclusiones de lo ocurrido. Esperaba que no asociaran el ataque al mundo sireno y nos dejaran tranquilos. No había vuelto a saber de aquellos hombres, y una parte de mí, contrariada y decepcionada hubiese deseado ver a aquél hombre humano con quien conversé antes del ataque, una última vez.
Seila continuaba maquillando, ahora que había sido rescatada por un humano, presumía con sus amistades de su nuevo héroe y cómo con su voz había quedado hechizado, llorando y suplicando que no la deseaba olvidar nunca.
Yo e Yryhnna nos reíamos cada vez que contaba la historia, siempre se contradecía y le agregaba cualidades al humano llamado Mathias, que Yryhna y yo no recordábamos.
En la mañana me preparé el desayuno, guardé mis libros en mi bolso de perlas y me coloqué un vestido azul turquesa de flores, nadé hasta la superficie. Ahora había guardias ascendiendo hacia la superficie, quienes registraban cada sirena o ser marino que abandonaba el reino. Debía llegar antes del atardecer, o enviarían guardias costeros a buscarme. Y mi padre comenzaría a preocuparse.
Al salir a la superficie no tuve que preocuparme por vestirme pues ya llevaba el vestido, calcé unos zapatos que llevaba en mi bolso y mis cabellos mojados se movieron con el viento. Sentí los rayos del sol calentando mis piernas y la espalda. Me dirigí hacia la playa, esa mañana repleta de visitantes humanos quienes se bañaban tranquilamente en el agua ignorando nuestra existencia. Me dirigí hacia el centro de Nueva Orleans, cerca de la costa había una librería que solía frecuentar. Al llegar la recepcionista me recibió con una sonrisa.
- Hermosa Mía, qué gusto verte por acá – Me saludo una chica de ojos color azabache y el cabello rizado cayéndole por ambos lados de sus mejillas – Hola Tatiana, me alegra verte. Dejé mi carnet de identificación en la mesa y ella me trajo los libros de Hakumi Murakami, que llevaba semanas leyendo.
- Es una suerte que te inclines por los libros en físico – Dijo Tatiana – Ahora con el avance de la inteligencia artificial no me sorprende que en un par de años todos olviden el placer que ocasiona leer un libro antiguo.
- Ni que lo digas – Dije esbozando una sonrisa. Tatiana me miró perpleja, cautivada, ya estaba acostumbrada a que hombres y mujeres me miraran de esa manera. Tomé mis libros y caminé sujetándolos con ambos brazos y sosteniéndolos en mi pecho. Me senté en una de las mesas frente a una enorme estantería y busqué la página donde había abandonado mi lectura la última vez.
Poco antes del atardecer comencé a sentir los inquietantes pensamientos de Yryhnna.
“Vuelve pronto, papá estará preocupado, sabes que no le agrada que estés allá”
Intenté continuar leyendo pero me era imposible, solté un resoplido y puse los ojos en blanco. Cerré el libro en la página 253, y delicadamente lo tomé para regresarlo. Tatiana se encontraba sumida en su celular y la música sonaba desde el reproductor. Escuché una canción que reconocí, la banda que tocaba se llamaba “My Chemical Romance”, la canción era I don´t love you, un clásico.
Tatiana alzó la vista y sus ojos se encontraron con los míos, ella contuvo el aliento brevemente y tomó los libros entregándome mi identificación.
- Oye Tatiana, me preguntaba acerca de la inteligencia aritifical.
- ¿Quieres algunas aplicaciones para leer en línea con audio libros?
- No, de hecho me preguntaba si conoces algún lugar o empresa en la ciudad donde trabajen con robots – Inquirí con mis ojos fijos en ella, su rostro era bello y natural pero sospechaba que ella ignoraba su belleza, como pasaba con la mayoría de las mujeres humanas. Me encogí de hombros al ver un destello de resentimiento en su mirada, en ese momento ella también observaba mi rostro.
- Mía la ciudad está repleta de inteligencia artificial, creo que perderé mi trabajo el próximo mes, pues los dueños quieren instalar un nuevo sistema de voz para agilizar la búsqueda de libros.
- Ya veo – Dije lamentándome – Entonces ¿No se te ocurre ningún lugar?
- Quizá en las Empresas Mykon, donde desarrollan los software de los robots, allí hay un banquete de inteligencia artificial.
- Sí seguramente – Inquirí con una sonrisa algo decepcionada. Tatiana pareció leer mi mente cuando agregó
- ¿Deseas que te busque la dirección en el gps? Así solo tendrás que tomar un taxi hacia esa dirección.
- Oh sería estupendo – Afirmé sonriente. Tomé mi celular de la bolsa, un Iphone último modelo, y se lo entregué a Tatiana. Ella sabía que yo no estaba muy familiarizada con la tecnología, aunque desconocía que se debía a que era una criatura mitológica y mi especie llevaba años de transformación y desarrollo en lo profundo del océano. A Tatiana le gustaba ayudar y le complacía ser buena en algo que yo no lo era, eso la hacía sentir de alguna manera con cierta ventaja frente a mi belleza de sirena.
- Aquí tienes – Me entregó el celular
- Gracias Tatiana
- Vuelve pronto preciosa.
Salí de la biblioteca y miré el sol, comenzaba a descender hacia el horizonte, era hora de volver a casa. Mañana a primera hora iría a la empresa desarrolladora de Inteligencia Artificial, no entendía muy bien por qué, pero debía volver a ver a aquél chico. Su manera de mirarme esa noche, y la pasión que sentí al imaginarlo haciéndole el amor a una mujer, me hacían desear quererlo para mí. Lo quería para mí, sabía perfectamente el peligro que representaba para las sirenas mezclarse con hombres humanos, pues ellos hacían brotar nuestros instintos animales más fácilmente, pero no lo podía evitar, deseaba volver a verlo.
El sol se oculta en su totalidad cuando llego a la playa. Me apresuro a nadar hacia el arrecife y me lanzo hacia el mar desde un malecón que bordea la playa, al instante me sumerjo nadando hacia las profundidades, y nado hacia los guardias quienes me permiten el acceso. Nado hasta la casa y Seila se encuentra acostada sobre la cama en mi habitación.
- ¿Dónde has estado?
- Estaba en el Spa, y salí a comprar algunos brasieres de piedras preciosas – Le miento
- Tu cara tiene el brillo de los rayos del sol, y no hueles a efusiones ni menta fresca, como suele oler tu cabello cuando vuelves del Spa. Mía, dime la verdad – Sus ojos me acechan, ella se gira acostada boca abajo sobre mi cama. Lleva un hermoso delineado en tonos turquesas que resaltan su mirada.
- Vale – Suspiro – Estaba en la tienda de libros con los humanos. Sus ojos se vuelven pequeños y tensa los labios, preparada para escuchar a su hermana discutir. Pero ella la mira sin expresión por un momento.
- Quiero ir contigo – Me dice. La miro confundida, no comprendo lo que me quiere decir
- ¿Deseas subir a la superficie a acompañarme? No es necesario, los guardias hacen un estupendo trabajo y siempre regreso al atardecer.
- No, me refiero a que deseo ir a la ciudad contigo, como humana.
- Quiero volver a ver a Mathias.
La mañana siguiente me desperté muy temprano y Seila se encontraba en la cocina preparando el desayuno.
- Buenos días dormilona – Me dice con alegría y suelta una ligera risita. Le sonrío dulcemente. Ella coloca una ensalada con mermelada sobre la mesa
- Buenos días, ¿a qué hora te has despertado? – Pregunto con sorpresa
- Apenas pude dormir toda la noche, estoy muy nerviosa. - La miro con compasión. Sé a lo que se refiere, yo llevo semanas soñando todas las noches con los humanos.
Subimos a la superficie, Seila luce especialmente guapa esa mañana, su cabello suelto y castaño desprende un aroma intenso y magnético como olor a vainilla. Esa mañana los guardias sorprendidos observan a mi hermana y nos permiten el acceso.
No nos tomó mucho tiempo llegar a la empresa marcada en mi gps. Seila emocionada de usar su dinero humano, pues normalmente era inusual que necesitara usarlo, pagó un taxi que nos dejó al frente de la empresa de inteligencia artificial. En cuanto bajamos del taxi supe que ese era el lugar, pude sentir mensajes del plano espiritual que me aseguraban que allí encontraría una gran aventura que necesitaba por vivir. Nos adentramos en la planta baja en el interior de la empresa. Seila hechizaba al recepcionista para que le diera toda la información que necesitaba.
- Me pregunto si podrías indicarme el número de oficina del Sr Mathías…
- Sei… allí están- Susurré, ambas alzamos la vista y nos encontramos con dos hombre, increíblemente guapos, quienes nos miraban fijamente.