Después oyó la voz de su hermana, que llegaba de todos lados y de ninguna parte
en absoluto. Mía se limitó a decir: «Despiértate», y ella se despertó. Seila
había abierto los ojos y se había encontrado acostada en la cama, sola.
Tal vez por eso todo la afectaba aquel día. Fue como si Mía le hubiera dicho
que se le acababa el tiempo y que Seila tenía que dejar de perderlo en un tonto
amorío, y volver a lo realmente importante.
-Seila. -Daniel suspiró, frustrado-. Tenemos que hablar. Es sobre Mía.
En ese momento levantó la vista y, por fin, sus miradas se encontraron. Tenía el
semblante serio, pero...