Así pues, se detuvieron en una estación de servicio, donde Daniel compró un mapa
de carreteras, sobre el que trazó la ruta que debían seguir. Seila estaba que
echaba chispas, y se pasó unas cuantas horas protestando en voz baja por haberse
desviado de manera innecesaria, mientras Ignacio la escuchaba con cara larga.
Según los cálculos que había hecho Daniel, deberían haber llegado a Myrtle Beach
cerca de la medianoche. Debido a todas las marchas y contramarchas, ya eran casi
las doce y todavía estaban a dos horas de distancia.
Y entonces fue cuando Seila empezó a cansarse por la duración del viaje. Ella
creía que el entusiasmo y los...