Mía se desprendió de Leo Lycan de un empujón, y el cuerpo de éste patinó con
un sonido resbaloso y nauseabundo antes de caer de cara sobre el muelle.
Casi como quien no quiere la cosa, pateó el cuerpo, que rodó hasta caer al
agua.
Mía quería gritar o hacer algo, pero apenas acertó a mirar,
impresionada y horrorizada. La había salpicado parte de la sangre, y todavía la
sentía cálida en la piel. Ella había tratado de salvarlo, pero Negani le había arrancado
el corazón.
-Esa bruja se las trae -dijo Ignacio, que sonaba tan aturdido y horrorizado como
Mía-. Tenemos que salir de aquí. Digamos que ya.
-Exacto...