Antonieta, la desleal del grupo de las syrens, estaba acostada en el suelo. Le salía un hilillo de sangre por la nariz, y
su parpadeo apenas la dejaba entrever los árboles que estaban por encima
de ella. Los fuegos artificiales acababan de empezar y se veían destellos de
luz entre las hojas.
-Por lo general no me parece justificable pegar a una chica, pero si
quieres matarnos a mi novia y a mí, entonces tendré que hacerlo -dijo Daniel,
encaramado encima de ella-. Haré lo que tenga que hacer.
Seila estaba de pie detrás de Daniel, sin poder sacudirse la confusión que
experimentaba. Quería acercarse y tocarlo, pero se había...