Sus piernas no dejaban de bambolearse, y
se le salió una sandalia. Él le tapaba la boca con tanta fuerza que ella apenas
podía respirar y le clavó las uñas en el brazo con toda ferocidad.
Pese a que Mía era fuerte, se sentía impotente contra él. Su abrazo era
como de granito, y la arrastraba con la determinación excepcional del hombre que
cumple una misión. Las sirenas le habían dicho que les llevara a Mía, y no
pararía hasta haber cumplido sus órdenes.
Eso explicaba su fuerza inhumana. Cuando estaba bajo el hechizo de una sirena,
Leo Lycan era capaz de aprovechar hasta el último ápice de fuerza para...