-No, claro que no -dijo Antonieta-. Primero buscaremos un reemplazo, y después la
mataremos. Pero tenemos que averiguar qué diablos les pasa a los hombre lobos de este
pueblo. Hay algo extraño en este lugar, y quiero averiguar qué es para
restregárselo por la cara a La Diosa Isis.
Seila sabía lo que debía hacer. Después de todo lo que había pasado
aquella noche, no tenía otra opción. Mientras le contaba sus planes a
Seila no pudo discernir si ésta estaba de acuerdo con ellos o no. A fin
de cuentas, no importaba. Mía ya había tomado una decisión.
Una vez que las sirenas se hubieron ido, Mía le explicó...