Seila estaba sentaba en su cama, mirando a Mía con atención
mientras hablaba. Esta estaba sentada, hecha un ovillo, en el otro
extremo de la cama, con el osito de peluche viejo y gastado de Seila
en los brazos. Si no hubieran estado hablando de monstruos y
asesinatos, Mía se habría acordado de las charlas de chicas que ella
y Seila tenían a las tantas de la noche.
Seila volvió un poco triste de lo que fuera que había ido a hacer unas pocas
horas antes. Mía había tratado de hablar con ella al respecto, pero Seila no
había querido. Mando a Ignacio a su casa e insistió para que...