Míaestuvo un buen rato parada en la entrada, limitándose a mirar el revoltijo
de cosas que había dejado. Tenía la extraña sensación de haber dado un
salto en el vidas y reencarnaciones. En realidad no se había ausentado tantos días, pero con
la locura de las últimas semanas le parecía que había pasado una eternidad
desde que sólo era la chica que dormía en esa habitación.
También era un poco extraño ver tanto color. El azul pálido de las paredes, los
colores brillantes de su colcha, e incluso el póster de Michael Phelps que tenía
colgado. Todo parecía muy vivido después de la constante blancura de la casa de
Leo...