-¿Qué estás haciendo aquí, Daniel? -preguntó Seila al fin, levantando la vista
hacia él-. Creía que ayer te había dejado las cosas perfectamente claras.
-Así es -coincidió Daniel.
Seila lo miró sin poder creérselo.
-Entonces... ¿por qué estás aquí?
-Después de que te fueras, pensé mucho en lo que habías dicho -explicó
Daniel-. Lo que más me llamó la atención fue que por fin admitiste que te gusto.
-Ah -suspiró ella-. No entendiste nada de lo que dije.
-Pues claro que lo entendí -insistió Daniel-. Alto y claro.
Dices que estás ocupada con tu hermana. Pues yo te respondo que puedo ayudarte
con eso, del mismo modo en que Ignacio...