-¿Estás bien? -le preguntó.
-Sí, estoy bien. Todo está bien. -Ella gimoteó y se puso de pie al darse cuenta de
que daba igual el aspecto que tuviese, y volvió la cara para verlo de frente-. ¿Qué
puedo hacer por ti?
-¿Estabas llorando? -le preguntó con la voz cálida, mostrando preocupación.
Ella bajó la vista, porque no quería mirarlo, pero sentía como la inspeccionaba. Él
se acercó más a ella, hasta quedarse a sólo unos centímetros de distancia, pero
Seila se limitó a abrazar los libros y a contemplarse los pies.
-Estoy trabajando, Daniel, así que si no necesitas nada de mí, creo que debería
volver a mi trabajo -dijo...