Mía odió sentirse tan bien cuando se despertó. Los efectos de haberse
alimentado el día anterior todavía no se habían difuminado; en todo
caso, sólo habían cobrado más fuerza. Tenía el cuerpo como líquido.
Cada uno de sus movimientos era suave y fluido, y sentía como si se
deslizase a uno y otro lado.
Cuando salió de la cama, prácticamente se puso a bailar por toda la habitación, sin
poder evitarlo. Y si bien nunca había recibido clases de ningún tipo, se movía como
en un ballet, como si la elegancia se hubiera convertido de pronto en parte de su
ADN.
No necesitó mirarse al espejo para darse cuenta de...