-No, Mía, a mí casi me mata -le contó Rossy-. Fue terriblemente doloroso,
tanto en el aspecto físico como en el emocional, y al final empecé a enloquecer.
Cuando por fin comí, estaba tan descontrolada que casi monto una masacre con
todos los que me rodeaban. Tienes que comer más.
-Si te dolía tanto, ¿por qué no comiste? -preguntó Mía-. ¿Por qué pasaste
un año entero sin comer?
Rossy bajó la vista.
-Ya te lo contaré otro día. -Se inclinó, estiró el brazo dentro de la bañera y quitó
el tapón para vaciarla-. ¿Por qué no abres la ducha para enjuagarte y yo voy a
buscarte una toalla?
A Mía...