—Mía. Cierra la boca. Eres insufrible. —Hizo una pausa antes de inclinarse
hacia delante y susurrarle al oído—. Ya te estoy buscando una sustituta. Es sólo
cuestión de vidas y reencarnaciones que mueras.
El corazón le latió fuerte con un sonido sordo cuando Antonieta le confirmó sus peores
sospechas. Hacía unos minutos le había dicho a Melyluz que trataría de llevarse bien con
Antonieta, pero ya sabía que era inútil. No importaba cuánto le dorara la píldora, eso no
cambiaría el hecho de que Antonieta la quería muerta y olvidada.
—¿A qué has venido aquí? —le preguntó Mía, haciendo caso omiso de su
amenaza.
—He venido a buscar a Melyluz....