Sábado, debería ser el día más relajante y tranquilo de mi vida, pero no es el caso, no tengo ganas de levantarme de mi cama ni si quiera tengo ganas de bajar a comer, mi teléfono suena, veo como la pantalla se ilumina, pero no alcanzo a ver de quien se trata, estiro mi mano y veo que se trata de El jefe, trago saliva con dificultad, mis manos tiemblan y ciertamente, no tengo ganas de contestar la llamada, pero es mejor hacerlo, no quiero hacerlo enojar.
Tomo la llamada y me pregunta cómo me encuentro, haciendo a un lado todo el terror y miedo que viví anoche, como si...