Llego hasta un pequeño y estrecho pasillo, trago saliva con dificultad ya que al fondo veo una puerta, mis manos me sudan haciendo que mi teléfono se me resbale varias veces, pero debido a lo oscuro que está, necesito la linterna. Me armo de valor y empiezo a caminar por el lugar, mi pobre corazón no puede con tanta presión, espero no morir de un infarto en este lugar abandonado.
Estoy parada frente a la puerta, mirando con detenimiento la perilla, lentamente poso mi mano sobre ella y la giro, siento que todo está en cámara lenta, mi respiración se agita aún más y unas pequeñas lagrimas se deslizan por...