Mi mundo se viene abajo cuando siento una cálida respiración sobre mi rostro, que lentamente va bajando hacia mi cuello y unos labios se posan sobre mi piel, tengo ganas de gritar y salir corriendo, pero estoy consciente que no lograré nada y menos porque he cerrado la puerta con llave, lo mejor que puedo hacer es fingir que estoy dormida.
Siento como las yemas de unos dedos acarician mi brazo izquierdo, que ha quedado expuesto, luego mis sábanas son lentamente retiradas, dejándome completamente expuesta ante el intruso, esos dedos recorren mi figura y se detienen en mi pierna, luego una enorme palma se posa en mi muslo y lo...