Cuando están listas, hago un ligero movimiento de cabeza y mis hombres enseguida se abalanzan contra el hombre, que este se pone a forcejear de forma inútil, “La negra” le baja los pantalones junto con los calzoncillos, otro de mis hombres desconecta las tijeras y me las entrega. Mientras camino en su dirección puedo ver la expresión en su rostro, se está cagando de miedo. Pongo mis tijeras frente a mí y las abro de par en par, me acerco a él y sin pensarlo ni un segundo, las cierro con fuerza, haciendo que el idiota empiece a revolcarse de dolor, el olor a carne quemada inunda el lugar, es asqueroso.
Luego el que me dio mis tijeras agarra las bolas del suelo y me las entrega, me acerco a mi víctima y dos de mis hombres le abren la boca de par en par, de le sonrío de forma maliciosa, en ningún momento he cortado el contacto visual, para hacerle entender que ahora mando yo. Le meto los testículos a la boca y mi gente le cierra la boca, pero él se queda con la carne, se nota que se siente muy asqueado, lo observo por unos momentos, esperando a que se las coma, pero al ver que se niega de forma rotunda le digo que las masque y se las trague, puedo ver como varias gotas de sudor recorren todo su rostro, su piel es morena, pero ahora esta tan pálido como el papel. Al ver que no va a mascar, vuelvo a abrir las tijeras, pero enseguida empieza a hacer lo que le dije hasta que se las traga.
—Bueno, ya que las cosas han quedado claras ¿Qué sabes de Cruz?
El hombre me dice que va a soltar todo lo que sabe del infeliz, estando satisfecho con su respuesta, me alejo de él y me dirijo a la puerta, puedo escuchar como “La negra” camina a mis espaldas y se detiene en la entrada de la habitación, incluso sin verlo puedo sentir sus ansias por interrogarlo.
—Cuando te diga todo lo que sabe, enciérralo, luego me encargaré de él.
—Está bien, jefe— Puedo distinguir cierta excitación en su voz. —Por cierto— El tono de su voz cambia de forma drástica, volviéndose relajada y tranquila, como es normalmente. — ¿Cómo le fue con?
—No es el lugar ideal para hablar de mi muñequita— Saco un cigarro de mi bolsillo— Cuando vayas a mi casa te digo que ha ocurrido.
Saca un encendedor de su bolsillo y me enciende el cigarro, sin cruzar más palaras me alejo del lugar para después irme a mi auto y volver a la ciudad, tengo que prepararme para esta noche, esta vez tiene que salir todo perfecto, no como ayer, que Quinn se percató de mi presencia.
Mientras manejo hasta mi casa, no dejo de revisar la hora, cada minuto que pasa, me siento más y más ansioso y eso no me gusta, que me hace que me vuelva descuidado. Aprieto con fuerza el volante, mi pie pisa casi a fondo el acelerador, todo lo que me rodea pasa tan rápido que no le presto atención, pero las luces de una patrulla me sacan de mi trance, mis ojos enseguida se dirigen al espejo retrovisor, hace un año que no tengo que lidiar con la policía…. Parece que las cosas no han quedado claras en la estación de policía.
Lentamente voy bajando la velocidad, no quiero armar un alboroto ya que tengo cosas más importantes que hacer. Una vez que me he detenido por completo, bajo la ventanilla y miro hacia afuera con mucho hastío y aburrimiento. El oficial se acerca a mi lado y me dice que estaba yendo a exceso de velocidad, le dedique una pequeña sonrisa, me disculpé por lo ocurrido.
El oficial y yo nos miramos a los ojos de forma retadora, incluso le he sonreído de forma arrogante, esperando a que me diga algo, es obvio que al maldito anciano le molesta mi actitud y me dice que debo enseñarle mi permiso de conducir.
—Claro que si oficial.
Busqué en la guantera mi licencia y después se la entregué, revisa mis documentos y así como se los entregué me los devolvió, se disculpó conmigo diciendo que no me había reconocido, que este incidente no se iba a repetir, escuchar sus desvaríos de disculpas me harta, tengo prisa.
Le dije que no había ningún problema, al menos no ahora, pero que a la próxima le iba a meter un tiro entre ceja y ceja, se lo dije en un tono bastante serio y él se puso rígido, como una estatua, luego me reí de forma estruendosa haciendo que él se ría con nerviosismo. Una vez que me deja ir, vuelvo a arrancar mi auto y seguí avanzando hasta llegar a mi casa.
Camino por la espaciosa y enorme sala, hay una fuente que separa la entrada principal con la sala, desde mi posición puedo ver que mi tele está encendida, camino hacia el sillón y me encuentro con Vanessa, que está usando una lencería provocativa, al notar mi presencia, levanta la mirada y se pone de rodillas en su asiento, extiende sus brazos en mi dirección para luego tirarse a mí.
— ¿Qué haces aquí?
—Te estaba esperando, quería pasar tiempo contigo— Su tono de voz es de una niña mimada, a veces llega a hartarme.
—Largo, hoy voy a salir.
—Ayer saliste en la noche, cariño.
Me aleje de ella y la miré directo a los ojos con seriedad, ya tenía tiempo que le dije que me dejara en paz, que lo nuestro había terminado, pero que si quería follar no había ningún problema, al menos de momento.