De todas las chicas a las que había besado, ninguna besaba tan mal como la que lo besaba con desespero en el costado más escondido de la caballeriza, Marcus estaba sinceramente asqueado por la forma en que la chica metía sus dedos entre las hebras de su cabello, pero Rossette le había enviado aquel mensaje hace apenas unos segundos e iría a buscarlo, siempre lo hacía, no porque quisiera molestarlo, sino porque sabía que cuando él iba a mimar a los caballos, se perdía durante horas fácilmente. Georgina gimió entre sus brazos y Marcus escuchó los pasos acercarse, sentía unas fuertes náuseas por lo que estaba por hacer, Rossette nunca...