Marcus no dijo palabra alguna, no era capaz, con mucho esfuerzo había podido evitar que la mandíbula le llegara al suelo y crear un charco de baba en el mármol del salón, pero su mirada lo decía todo, y Rossette, lejos de disminuirse ante la intensidad de ella, cuadró sus hombros y levantó el mentón, orgullosa, podía no ser deseable para su prometido, pero no volvería a pasar desapercibida frente a él. Nunca más. Caminó directamente hacia él, manteniendo la mirada, sin un solo gramo de complejidad o inseguridad, y solo cuando estuvo casi a su lado, le privó de su atención para dirigirle a León una radiante y casi...