Amelia sonrió sin inmutarse por aquel comentario.
—¿Quieres una taza de té? - Preguntó en vez ella y Rossette se negó, ya era bastante incómodo tenerla ahí, actuando como si… como si… Fuera la señora de la casa. Aquel pensamiento le irritaba más de lo que jamás estaría dispuesta a admitir, porque sin importar que su matrimonio no fuera más que una farsa, ella seguía siendo la esposa de Aiden. Y como si pudiera leer sus pensamientos, cuando Amelia volvió a hablar, tuvo que hacer un esfuerzo consciente para fingir tranquilidad y desinterés por sus palabras.— Aiden me pidió que viniera, supongo que no quiere que olvides que simplemente eres...