—Hermano, tengo algo que hablar contigo.— Dijo el menor de los Campbell, dándole una mirada desdeñosa a la rubia que se había situado junto a ellos.
—Podrías haber esperado un poco, o dejado un mensaje de texto, Jimmy.— Dijo ella con cierto veneno. Pero el menor de los tres hijos, Campbell, de alguna forma siempre había podido ver a través de su magnífica actuación, probablemente era el único inmune a sus infalibles lágrimas de cocodrilo, conocía de primera mano cómo la maldad de aquella mujer venía desde lo más profundo, víbora hasta la médula.
—¿Y quién eres tú para indicarme como debo comunicarme con mi hermano?, como dije, son problemas...